La Virgen de Urkupiña fuera de Bolivia: cómo la diáspora lleva a la Mamita con ella

Miguel Cabrera

Cada 15 de agosto, en barrios bolivianos de Córdoba, Salta, Madrid e Iquique, suenan las bandas, se despliegan los trajes de morenada y caporales, y se ofrendan miniaturas a la Virgen de Urkupiña. Lo que empezó en un cerro de Quillacollo en el siglo XVII llega hoy, sin perder el paso, a cuatro continentes.


En algún momento del siglo XVII, en las colinas bajas frente a la ranchería de Cota, cerca de Quillacollo, una niña pastora de familia campesina empezó a llegar tarde a casa. Sus padres le preguntaron. Y ella les contó que una señora con un niño en brazos la visitaba mientras cuidaba las ovejas. Que hablaban en quechua. Que el niño jugaba con ella en las aguas de una vertiente entre las rocas.

Un día de agosto los padres fueron a comprobarlo. Llegaron a tiempo de ver a la señora levantarse del lugar y ascender por el cerro. La niña, señalando con el dedo, gritó en quechua: «Jaqaypiña urqupiña, urqupiña» —»ya está en el cerro»—. En la cima no había nadie. Pero donde la señora solía sentarse encontraron una imagen. Así nació el nombre: Urkupiña. Urqu, cerro. Piña, ya está.

La imagen se trasladó al templo Matriz de Quillacollo, donde sigue hoy. Y la festividad que creció en torno a ella —cada 15 de agosto, día de la Asunción de María— se convirtió en la celebración religiosa popular más masiva de Bolivia. Miles de peregrinos llegan al Calvario del Cerro de Cota. Hay una entrada folklórica con morenada, caporales, tinku y diablada. Y claro, la feria de alasitas —miniaturas de casas, autos, títulos universitarios, bebés— que los devotos ofrendan como promesa de lo que le piden a la Mamita. (Virgen de Urkupiña: la fiesta mariana más popular de Cochabamba).

Cuando la migración boliviana empezó a instalarse en Argentina, Chile, España y más allá, la Virgen fue con ellos. No como recuerdo. Como práctica activa. Con bandas, trajes, procesiones y miniaturas. Lo que sigue es el mapa de esa devoción en movimiento.

Córdoba, Villa El Libertador: desde 1982, patrimonio cultural de la ciudad

Esta imagen muestra una celebración cultural en honor a la Virgen de Urkupiña en Villa El Libertador, Córdoba

El barrio de Villa El Libertador, en el sur de Córdoba, tiene desde 1982 una celebración de Urkupiña que hoy está reconocida como Patrimonio Cultural de la ciudad. Ese reconocimiento tardó décadas en llegar, pero dice algo sobre lo que construyeron las familias bolivianas que llegaron a ese barrio. No una fiesta ocasional. Sino una institución con calendario. Con estructura. Con continuidad.

La festividad incluye novena con misas diarias. Una entrada folklórica que recorre la Avenida de Mayo con corte de calles —los trajes bordados, las bandas, el polvo del asfalto cordobés— y una procesión que cierra con misa central. La vi hace muchos años y la volví a ver hace poco y puedo confirmar que el formato no cambia. La escala crece. Pero el rito es el mismo. Ese tipo de constancia es la que convierte a una celebración migrante en institución.

Salta: la novena que empieza el 6 de agosto

En Salta, la devoción a la Mamita de Urkupiña tiene una raíz distinta. El norte argentino comparte con Bolivia una historia colonial. Una geografía andina. Una religiosidad popular que hace que la Virgen de Quillacollo no llegue como algo completamente ajeno sino como algo reconocible.

La Parroquia Nuestra Señora del Pilar organiza cada año una novena que arranca el 6 de agosto, con misas diarias bajo un lema anual. El 15 de agosto, la procesión recorre las calles hasta el Campo Histórico de la Cruz, donde se celebra la misa central. Miles de fieles —salteños y bolivianos, creyentes de primera y segunda generación, curiosos que terminaron quedándose— llenan ese recorrido. (Ciudad de Salta, Un Sentir Religioso Único)

Lo que hace singular a la celebración salteña es exactamente eso. Ya no es solo boliviana. La devoción se derramó hacia afuera del colectivo migrante. Encontró terreno fértil en una ciudad que sabe rezar.

Madrid: 3.500 bailarines en el Paseo del Prado

Esta imagen muestra a miembros de la comunidad boliviana en España celebrando su cultura y tradiciones con coloridos trajes típicos
Los trajes y danzas representados, como la Morenada, son parte fundamental de la riqueza folclórica boliviana

Si hay una imagen que explica lo que Urkupiña es fuera de Bolivia, es esta. El Paseo del Prado de Madrid con 3.500 bailarines de 42 fraternidades llegados desde distintos países europeos, desplegando trajes de morenada, caporales, tinku y diablada en uno de los ejes más formales de la capital española. (Turismo Religioso en Madrid ¿Qué Ver en el Centro de la Ciudad?)

La entrada folklórica en Madrid es impulsada conjuntamente por la Embajada de Bolivia y el Ayuntamiento de Madrid. Lleva más de una década realizándose. El número de fraternidades participantes y la procedencia europea de los danzantes —no solo de España, sino de distintos países del continente— convierten a esta celebración en el nodo europeo de la devoción a Urkupiña.

¿Cómo se mantiene una tradición de danza andina en una ciudad europea? Igual que se mantuvo en Quillacollo. Con ensayos. Con trajes que se pasan entre familias. Con bandas que aprenden las melodías de oído. Con una devoción que no necesita explicarse porque se practica. Como viajeros que frecuentamos este tipo de celebraciones sabemos que el asombro no viene del exotismo sino de la convicción con que se baila.

Iquique y el resto del mapa

En Iquique, en el norte chileno, la comunidad boliviana lleva cinco años celebrando a la Mamita con misas, procesiones y danzas. La geografía ayuda. Iquique está en el desierto de Atacama, a pocos kilómetros de la frontera boliviana, en una ciudad que históricamente fue puerta de entrada para la migración andina hacia Chile.

La lista de celebraciones se extiende más lejos. En Florencio Varela, Río Gallegos y Bahía Blanca (Argentina), versiones más pequeñas pero igualmente organizadas de la festividad reúnen a las comunidades bolivianas locales. En Sydney y en Virginia (EE. UU.), grupos de devotos celebran misas y reuniones que, en escala, son modestas, pero que cumplen la misma función. Todas mantienen vivo el vínculo con Quillacollo cuando Quillacollo está al otro lado del mundo.

Las alasitas: el rito que viajó sin perder su forma

La imagen muestra un puesto típico de la Feria de Alasitas, una festividad tradicional originaria de Bolivia

De todos los elementos de la festividad, el que mejor ilustra la fuerza de esta devoción migrante es la feria de alasitas. La palabra viene del aymara y significa dare, dame. El rito es preciso. Los devotos compran en la feria miniaturas de lo que desean —una casa, un auto, un título universitario, un bebé, un novio— y las ofrendan a la Virgen como promesa concreta de lo que le piden.

En Córdoba, en Salta, en Madrid, las ferias de alasitas se instalan junto a las celebraciones con la misma naturalidad con que se instalan en Quillacollo. Los puestos venden las mismas miniaturas. El gesto de ofrendar es el mismo. Lo que cambia es el idioma de los carteles del barrio. El color del cielo de agosto. Verano en Bolivia, invierno en el hemisferio norte.

Ese detalle —la misma miniatura ofrendada bajo cielos distintos— dice más sobre la Virgen de Urkupiña que cualquier descripción de la festividad. No es una celebración que se exportó. Es una devoción que viajó con su gente. Que sigue funcionando exactamente como fue concebida. Con una promesa. Una miniatura y el nombre de lo que se desea.

El cerro sigue siendo el cerro

La niña pastora de Quillacollo gritó «urqupiña» señalando el cerro con el dedo. El cerro ya no es solo el de Cota. Es también la Avenida de Mayo de Córdoba, el Campo Histórico de la Cruz de Salta, el Paseo del Prado de Madrid y una calle cualquiera de Iquique en agosto, con una banda que toca y una imagen que avanza. (¿Cuáles son los lugares sagrados de Bolivia que debes conocer para vivir una experiencia espiritual única?)

La Virgen de Urkupiña es Patrona de la Integración Nacional de Bolivia. El título, que se le dio pensando en el interior del país, terminó siendo más grande de lo que nadie imaginó. Porque la integración que ella genera hoy no tiene fronteras nacionales. Tiene barrios, tiene fraternidades, tiene miniaturas ofrendadas en cinco continentes. Tiene una festividad que el 15 de agosto suena igual en todos lados, aunque el cielo sea distinto.

por Miguel Cabrera Periodista especializado en turismo religioso


Preguntas Frecuentes sobre la Virgen de Urkupiña

¿Cuándo se celebra la Virgen de Urkupiña fuera de Bolivia?

La festividad se celebra principalmente el 15 de agosto, con actividades previas que incluyen novenas y misas durante la primera quincena de agosto en ciudades como Córdoba, Salta, Madrid e Iquique.

¿Cuál es el origen de la devoción a la Virgen de Urkupiña?

Su principal centro de peregrinación se encuentra en Quillacollo, departamento de Cochabamba, donde cada agosto se desarrolla la festividad principal.

¿Por qué la festividad de Urkupiña es importante para la diáspora boliviana?

Porque permite mantener la tradición religiosa, fortalecer la identidad cultural y reunir a las comunidades bolivianas residentes en otros países.

¿La festividad de Urkupiña busca un reconocimiento internacional?

Sí. Bolivia impulsa la postulación de la festividad para su reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO


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