Valdeorras: el santuario barroco, el Camino de Invierno y la iglesia que pudo diseñar Gaudí

Miguel Cabrera

La comarca orensana de Valdeorras concentra, entre viñedos y montañas, uno de los grandes santuarios de peregrinación de Galicia, una ruta jacobea histórica y una iglesia de finales del siglo XIX que la tradición oral vincula a Antoni Gaudí —sin documentos que lo prueben, pero con una arquitectura que invita a creerlo.


Hace dos mil años, la Vía Nova romana atravesaba este territorio uniendo Braga con Astorga. Los romanos eligieron este corredor porque entendieron lo que después entendieron los peregrinos medievales y lo que todavía hoy entiende cualquiera que llega desde el este por la N-120. Valdeorras es un paso natural, un lugar de tránsito que por alguna razón siempre terminó convirtiéndose en destino.

La comarca está en el oriente de Ourense, en el límite con Castilla y León, recorrida por el río Sil y sus afluentes. Los viñedos que producen el Godello suben por las laderas hasta donde la pendiente lo permite. Más arriba, la montaña. Y en ese punto donde la roca y el bosque se encuentran, sobre el río Bibei, un templo barroco lleva siglos congregando peregrinos de toda Galicia.

As Ermitas: el santuario que nació de una curación episcopal

Este lugar es el Santuario de Nuestra Señora de las Ermitas ubicado en Orense, España.El edificio destaca por su fachada barroca altamente decorada con dos torres prominentes.
Fue declarado Bien de Interés Cultural en 2006

El Santuario de Nuestra Señora de As Ermitas, en el municipio de O Bolo, es el referente espiritual de Valdeorras. Uno de los centros de peregrinación más importantes de Galicia. Su origen sigue el patrón de los grandes santuarios marianos. Unos pastores encuentran una imagen de la Virgen y levantan una primera capilla en el lugar del hallazgo. Lo que convierte a As Ermitas en algo más, es lo que ocurrió después.

En 1624, el obispo de Astorga Alonso Mejía de Tovar enfermó gravemente. Según la tradición, encomendó su curación a la Virgen de As Ermitas y sanó. La gratitud del obispo —y el peso institucional que conlleva la devoción de un prelado— impulsó la construcción del gran templo barroco que hoy define el lugar. No fue un capricho devocional. Fue una inversión de fe con consecuencias arquitectónicas que duran cuatro siglos.

El conjunto que llegas a ver hoy combina la iglesia porticada de estilo barroco gallego. Un atrio presidido por un cruceiro conocido como el Árbol de la Salvación. Además está tan integrado en el paisaje que pocas iglesias rurales gallegas pueden igualar. El templo parece surgir directamente de la ladera que desciende hacia el Bibei.  Es como si la montaña lo hubiera generado ella misma.

En 1909, un importante desprendimiento de la montaña modificó el entorno del santuario. El episodio forma parte de la memoria histórica del lugar. En el pueblo lo recuerdan con la misma naturalidad con que se recuerda la curación del obispo. Como uno más de los momentos en que As Ermitas demostró que la fe y la geología comparten el mismo territorio. Sin pedirse permiso.

El Camino de Invierno y la romería de las mujeres de Rubiá

Cuando el paso de O Cebreiro se volvía impracticable por la nieve, los peregrinos medievales buscaban rutas alternativas. Una de ellas bajaba por el valle del Sil atravesando Valdeorras. De ahí el nombre el Camino de Invierno. Una variante jacobea reconocida hoy como itinerario oficial y señalizada a lo largo de la comarca.

En el municipio de Rubiá, el camino pasa junto a la Ermita de la Virgen del Camino, que durante siglos funcionó como refugio para caminantes. El edificio conserva hoy una romería con un detalle que la distingue de cualquier otra de la zona. La imagen es portada en procesión exclusivamente por mujeres vestidas con el traje tradicional de Valdeorras. No es una recreación folclórica ni una decisión reciente. Es una costumbre que se viene manteniendo desde hace generaciones. Lo que convierte a esta romería en una de las manifestaciones de devoción popular más auténticas del oriente ourensano.

Para quien hace el Camino de Invierno, Valdeorras no es solo una etapa de tránsito. Es un lugar donde la ruta jacobea y la devoción local se superponen de una manera que pocas comarcas gallegas conservan con tanta claridad.

El románico que nadie busca y que siempre sorprende

Más allá del santuario barroco y el camino jacobeo, Valdeorras guarda un románico rural discreto y genuino. La Iglesia de A Proba, en O Barco de Valdeorras, y la Iglesia de Santa María de Mones, en Petín, son los dos referentes del románico comarcal que la promoción oficial destaca como parte del itinerario patrimonial.

Lo que estas iglesias ofrecen no es monumentalidad sino coherencia: forman parte del mismo tejido de caminos, aldeas y devoción que estructuró Valdeorras durante la Edad Media. Verlas tiene sentido si se visitan en relación con el santuario de As Ermitas y el Camino de Invierno. No como destinos aislados. El románico rural gallego se entiende en su contexto, no en el museo.

Fontei: la iglesia que pudo diseñar Gaudí, aunque nadie lo puede probar

En la parroquia de Fontei, en A Rúa, hay una iglesia que no parece gallega. Sus dos torres cuadrangulares rematadas con tejados piramidales de pizarra. Sus ventanas en lanceta. Junto a su fachada neogótica de piedra, generan una disonancia visual que cualquiera nota antes que le cuenten nada. Y lo que se cuenta, cuando se cuenta, es esto:

A finales del siglo XIX, Fontei necesitaba una iglesia nueva. La capilla dedicada a la Virxe da Expectación se había quedado pequeña con el crecimiento del pueblo. Se agrandó por la llegada de la línea de ferrocarril Palencia-A Coruña. La familia de la Casa Grande —los Casanova Meruéndano— cedió un terreno para la construcción del nuevo templo. Y en esa misma época, Antoni Gaudí pasaba temporadas de descanso en esa casa. Coincidia con los años en que dirigía las obras del Palacio Episcopal de Astorga, a apenas unos kilómetros al este.

Una sombra gaudiniana

La tradición familiar sostiene que los propietarios de la Casa Grande encargaron a Gaudí el diseño de la iglesia. No existe ningún documento que lo confirme. No hay planos firmados. No hay correspondencia. Tampoco registro en los archivos de la Diócesis de Astorga. Lo que existe es una arquitectura que los especialistas describen como de claras influencias neogóticas con guiños inequívocos a la obra de Gaudí. Una tradición oral que la familia ha transmitido durante generaciones. Además, el contexto geográfico e histórico hace que la historia sea plausible sin ser verificable.

¿Cómo se visitar un lugar cuya historia central no tiene pruebas? Con la misma actitud con que  visitas los santuarios cuyo origen se pierde en leyendas pastorales. Reconociendo que la memoria colectiva tiene su propio peso, aunque no pase por el archivo. La iglesia de Fontei —dedicada hoy a Nuestra Señora de Fátima, con romería cada 13 de mayo— es extraordinaria con Gaudí o sin él. La duda forma parte de su carácter.

Una comarca que no necesita convencerte

Valdeorras no figura en los circuitos de turismo religioso masivo. No tiene una catedral famosa ni una Semana Santa multitudinaria. Lo que tiene es un territorio donde la fe se instaló despacio, en capas. Primero los romanos con su vía. Después los peregrinos medievales con su camino. Después el obispo que sanó y construyó un templo barroco. Luego las mujeres de Rubiá que siguen portando su imagen. Más tarde un arquitecto catalán que quizás pasó el verano aquí y quizás dejó una iglesia.

Cuando sales de As Ermitas y bajas de vuelta hacia el río, con el Bibei sonando abajo y los viñedos escalonándose en la ladera, entiendes que Valdeorras no necesita que te convenzas de nada. El lugar ya tiene su historia. Solo necesita que llegues.