La Iglesia de San Ignacio en Roma y el Secreto del Espejo

Miguel Cabrera

La Iglesia de San Ignacio de Loyola en Roma es una joya barroca del siglo XVII mundialmente famosa por sus extraordinarias ilusiones ópticas o trampantojos (trompe-l’œil) creadas por el artista jesuita Andrea Pozzo.


La Iglesia de San Ignacio de Loyola es una joya del barroco romano, célebre por sus decoraciones interiores y el uso magistral de la perspectiva en sus frescos. Fue erigida según el proyecto del matemático jesuita Orazio Grassi, basado a su vez en los planos de Carlo Maderno.

Su interior, en forma de cruz latina, se organiza en tres capillas contiguas por lado. La policromía de los mármoles, los estucos, la riqueza pictórica y la suntuosidad de sus altares la convierten en una de las iglesias más opulentas de Roma.

En los laterales del ábside encontrarás dos piezas que merecen detenerse. Se halla el imponente monumento fúnebre del Papa Gregorio XV. Quien, aunque no era jesuita, fue el pontífice que canonizó a San Ignacio de Loyola en 1622. Ademas se puede apreciar la imponente Estatua de San Ignacio de 1728.

(Arte Barroco en la Chiesa del Gesù en Roma)

Detalles de la Iglesia de San Ignacio de Loyola

Esta imagen muestra el espejo situado en la Iglesia de San Ignacio de Loyola en Roma.El espejo está inclinado a 45 grados para permitir a los visitantes ver el famoso techo de frescos sin forzar el cuello.
El espejo está inclinado a 45º para ver el famoso techo de frescos sin forzar el cuello.
  • La Falsa Cúpula:
    La iglesia no tiene cúpula real. El pintor Pozzo cubrió una superficie plana con tal maestría que, vista desde un punto específico de la nave, genera la ilusión perfecta de una cúpula tridimensional de profundidad asombrosa. Un lienzo de 13 metros de diámetro donde Pozzo creó un engaño visual de perfección matemática. La obra original fue destruida por un incendio, y en 1823, Francesco Manno la reprodujo fielmente a partir de los dibujos y estudios que dejó el maestro jesuita.
  • El Techo Infinito:
    El gran fresco central representa la Gloria de San Ignacio. La arquitectura del templo parece elevarse hacia un cielo abierto poblado de ángeles y santos, borrando el límite entre el edificio y el firmamento.
  • El Espejo:
    En la nave central hay un gran espejo inclinado que te permite contemplar los detalles del fresco sin forzar el cuello. También, hay que decirlo, es el lugar favorito para las mejores selfis del recorrido.
Disfrutá el cielo abierto sobre la Tierra

Que Saber Antes de tu visita

La entrada al templo es completamente gratuita. La iglesia se encuentra en la Piazza di Sant’Ignazio, construida en estilo rococó por Filippo Raguzzini entre 1727 y 1728. Es una una de las escenografías urbanas más elegantes del centro histórico romano y a pocos pasos del Panteón.

  • El truco del espejo: La fila para fotografiarse suele ser larga. Además, el sistema de luces bloquea la pantalla de tu cámara: introducí una moneda de 1 euro en la máquina para que las luces se apaguen por unos instantes y puedas capturar la imagen.
  • Los discos de latón: Buscá los discos de latón incrustados en el suelo de la nave central. Pararte exactamente sobre ellos te dará la perspectiva matemática perfecta para apreciar los efectos visuales tal como Pozzo los concibió. Es el secreto que separa al turista que mira del viajero que realmente ve.

Lugar de Descanso Eterno

La Iglesia de San Ignacio de Loyola es también un lugar de reposo para algunos de los santos y figuras más veneradas de la Compañía de Jesús. Recordá que el propio fundador, San Ignacio, está sepultado en la vecina Iglesia del Gesù.

Los tres principales santos jesuitas enterrados aquí son:

  • San Luis Gonzaga: Sus restos descansan en una suntuosa capilla barroca en el transepto derecho. Es el patrono mundial de la juventud cristiana y de los pacientes con VIH/Sida.
  • San Roberto Belarmino: Cardenal, erudito y Doctor de la Iglesia. Su cuerpo, vestido con ropas cardenalicias, se encuentra visible bajo el altar de una de las capillas laterales.
  • San Juan Berchmans: Un joven jesuita belga que falleció en Roma a los 22 años. Patrono de los monaguillos, sus restos descansan en el transepto izquierdo.

Entre otras figuras notables de la orden, destacan el Padre Felice Maria Cappello (1879-1962), célebre jesuita y experto en derecho canónico que se ganó el apodo de «el confesor de Roma» por las extenuantes horas que dedicaba a confesar a los fieles en este mismo templo. También Bartol Kašić (1575-1650), lingüista y escritor croata que tradujo por primera vez la Biblia y el ritual romano al idioma croata.

por Miguel Cabrera Periodista especializado en turismo religioso



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