Giras la cabeza en la Plaza de África y cambias de fe. De un lado tienes la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción. Enfrente, separado apenas por unos metros de adoquín, el Santuario de Nuestra Señora de África. Dos templos cristianos mirándose de frente no sería noticia en ninguna otra ciudad española. En Ceuta sí lo es, porque esa plaza es solo el primer gesto de un lugar que reparte su fe entre cuatro comunidades sin esconder a ninguna en las afueras.
Para ubicarte, porque no todo el mundo tiene el mapa tan a mano. Hablamos de una ciudad autónoma española que no está en la península, sino pegada a Marruecos, en el extremo norte de África, del otro lado del estrecho de Gibraltar. La primera vez que crucé para allá desde Algeciras, tenía la imagen de un pueblito costero cualquiera. Me encontré con otra cosa. Una plaza fuerte con siglos de capas religiosas superpuestas, todas todavía en uso.
Caminas diez minutos y cambia el paisaje sonoro: campanas. Después el silencio de una sinagoga sin torre que la anuncie. Más adelante una mezquita con su propio ritmo de llamadas a la oración. Nadie te lo señala con un cartel. Ahí la convivencia religiosa no se explica, se camina.
Una geografía que dejó huellas
La posición de este enclave —Europa asomándose a África— no es un dato curioso de guía turística: es la razón por la que, durante siglos, distintas culturas dejaron marca en la misma trama urbana. El propio organismo oficial de turismo reconoce cuatro comunidades religiosas activas: cristiana, musulmana, hebrea e hindú. Y esa diversidad se lee en la arquitectura antes que en cualquier explicación.
Por eso recorrer el lugar con interés religioso no es coleccionar iglesias. Es entender cómo conviven, puerta con puerta, tradiciones que en otras ciudades ni siquiera se cruzan.
La Virgen que llegó en barco y se quedó como alcaldesa

El Santuario de Nuestra Señora de África concentra buena parte de esa devoción. Según la documentación oficial, la imagen llegó en 1418 por iniciativa del infante Enrique el Navegante de Portugal. Tras la conquista de la ciudad ordenó su veneración y la construcción de un templo. El edificio actual, de configuración barroca, guarda en su Capilla Mayor un retablo de madera tallada y dorada costeado por el obispo Martín de Barcia hacia 1752. La imagen sigue el modelo iconográfico de la Piedad, está tallada en un solo bloque de madera.
Nuestra Señora de África no es solo patrona: es, formalmente, Alcaldesa Perpetua de Ceuta. Cada 4 de agosto se le hace una ofrenda floral y al día siguiente sale en procesión, en una jornada que el calendario oficial mantiene como festivo local.
¿Por qué es la Alcaldesa Perpetua de Ceuta?
En esta ciudad, la devoción a la Virgen de África va mucho más allá de lo religioso: es identidad local en estado puro. Estas son las tres razones clave para entender por qué ostenta este título tan singular.
- Protección milagrosa: Todo se remonta al 9 de febrero de 1651, cuando una epidemia de peste levantina diezmaba ciudades de toda Europa. El gobernador de Ceuta, Juan Suárez de Alarcón, encomendó la ciudad a la Virgen y votó celebrarle fiesta cada año si la peste no cruzaba el Estrecho. Ceuta se salvó, y en agradecimiento el Ayuntamiento la proclamó Alcaldesa Honoraria Perpetua el 5 de marzo de 1654.
- El nombramiento oficial: Ese vínculo civil se selló de forma definitiva el 5 de agosto de 1954, cuando el Pleno municipal le otorgó el título oficial de Alcaldesa Perpetua de la ciudad, imponiéndole la medalla de alcalde y colocando el escudo de armas en el altar mayor.
- El Aleo: Si observas la imagen con atención, verás que sostiene en sus manos el Aleo, una rama de acebuche que fue el bastón de mando recibido por Pedro de Meneses, el primer gobernador portugués, en 1415. Al portar este símbolo —del que nace la famosa frase «Con este palo me basto»—, la Virgen representa la máxima autoridad civil y militar de la plaza.
La catedral de Ceuta construida sobre tres religiones

La Catedral de Nuestra Señora de la Asunción cuenta, en sus cimientos, una historia menos plácida. El Boletín Oficial del Estado documenta que sobre una antigua iglesia cristiana se levantó después la Mezquita Mayor, transformada nuevamente en templo cristiano tras la conquista portuguesa de 1415. El edificio que hoy visitas empezó a construirse en 1686. Se consagró recién en 1726; antes de eso, durante el gran cerco de finales del XVII, llegó a usarse como cuartel de infantería.
Declarada Bien de Interés Cultural en 2008, llama la atención la portada de serpentina verde (mármol local). Conserva la capilla del Sagrario, con una escultura alegórica de la Fe, con los ojos vendados. Busca también allí a la Portuguesiña, una escultura de la Virgen María del siglo XV.
Busca además, la capilla de San Daniel Mártir, patrón local, decapitado en Ceuta en 1227. Dentro del propio complejo catedralicio está el Museo de Arte Sacro con piezas de orfebrería de plata, ornamentos litúrgicos, pinturas y documentos.
La romería que sube al Monte Hacho

No toda la devoción cristiana se queda en el centro. La Ermita de San Antonio, en el Monte Hacho, obliga a subir hasta un punto desde donde se ve el estrecho de Gibraltar entero. La devoción está documentada desde la época portuguesa. Preside la Ermita la talla de San Antonio de Padua con el Niño Jesús. Una imagen de vestir, de origen portugués del siglo XVII.
Es una devoción distinta a la de la Plaza de África: acá no hay plaza monumental ni fachada barroca, sino una caminata cuesta arriba que termina con toda la ciudad desplegada abajo.
Ceuta y la tradición del pan y las solteras
Si hay algo que define esta romería es la mezcla de devoción y folklore que la rodea. Cada 13 de junio, festivo en Ceuta, miles de personas suben al Monte Hacho para acompañar a San Antonio de Padua. Durante la jornada se reparten miles de panecillos bendecidos entre los romeros. Un gesto de fraternidad que acompaña a la misa y la procesión del santo por los alrededores de la ermita.
Pero hay un detalle que no pasa desapercibido: San Antonio es conocido en la religiosidad popular como cansamentero. Por eso las jóvenes sin compromiso matrimonial cumplen un ritual pintoresco. Se sientan sobre el escalón de mármol que da acceso al altar mayor y, desde ahí, le piden al santo que les ayude a encontrar pareja. No es una promesa garantizada, claro, pero forma parte del encanto de una tradición que mezcla fe, esperanza y un punto de humor bien ceutí.
Cuando el recorrido deja de ser cristiano

La singularidad del lugar se termina de entender cuando el itinerario sale del cristianismo. La Mezquita de Sidi Embarek conserva un antiguo morabito —ermita de un asceta musulmán — situado posiblemente en el siglo XVIII. El templo está junto al cementerio musulmán otorgándole una carga devocional. Me han dicho que el minarete alberga al único par de cigüeñas asentadas en Ceuta. Las vi, pero no puede comprobar si hay mas.
La Mezquita Muley el-Mehdi, en cambio, es de construcción reciente: se proyectó en 1939 y se inauguró al año siguiente. Es cien por ciento instagrameable. Destaca por el color de su fachada y el alminar de casi 27 metros.
La comunidad sefaradí tiene su centro en la Sinagoga Bet El, levantada en la década de 1970 para reemplazar a una anterior, con vidrieras y un muro de vidrio como sello propio.
Y desde los años 50 la comunidad hindú, asentada allí, sostiene su propio templo. El edificio imita el diseño de un auténtico palacio de la India. Como lo encuentras, fácil: busca una construcción de color rosa, llena de arcos y detalles geométricos típicos. Si querés vivir una experiencia espiritual increíble, puedes presenciar la hermosa ceremonia del Aarti (ofrenda de fuego y cantos de devoción) de lunes a sábados por las mañanas.
Cuatro comunidades. Cuatro arquitecturas. La misma trama de calles.
La Semana Santa como memoria compartida
La Semana Santa también deja huella fuera de los templos. Junto a la Iglesia de San Francisco, en la Plaza de los Reyes, un conjunto escultórico inaugurado en 2009 —con motivo del XXI Encuentro Nacional de Hermandades Penitenciales— representa a un nazareno entregando el testigo a un niño. Es, otra vez, la religión ocupando el espacio público antes que el interior de un templo.
La propia normativa ceremonial de la Ciudad Autónoma contempla la participación institucional en procesiones como el Santo Entierro o la festividad de la Virgen de África, algo que en pocos lugares de España se replica con esa naturalidad.
Lo que no hace falta explicar
Al final, el turismo religioso en Ceuta no se sostiene en un monumento aislado ni en una romería masiva. Se sostiene en que cuatro tradiciones —cristiana, musulmana, hebrea e hindú— siguen ocupando el mismo trazado urbano, sin museo ni reconstrucción de por medio.
La Catedral guarda las capas de un espacio que fue mezquita y antes fue iglesia. El Santuario concentra siglos de una misma devoción. San Antonio te hace subir al Monte Hacho. Las mezquitas, la sinagoga y el templo hindú completan un mapa que no necesita discurso: se recorre caminando.
por Miguel Cabrera Periodista especializado en turismo religioso
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