¿Por qué la Iglesia de San Giovanni en Val di Funes se convirtió en una imagen inseparable de las Dolomitas?

Miguel Cabrera

La Iglesia de San Giovanni in Ranui es una capilla barroca construida en 1744. Se ubica en la finca privada Ranui Hof, al fondo del Val di Funes (Tirol del Sur, Italia), y es famosa por contraste visual con las cumbres del macizo Odle


La pequeña silueta de San Giovanni asoma entre un valle alpino y las agujas de las Odle. Su torre con cúpula de cobre oxidada corta la línea del paisaje. Por detrás, se levanta uno de los escenarios montañosos más reconocibles del Tirol del Sur. Parece armada para una postal. Pero si la visitas, vas a descubrir que su historia es muchísimo más vieja que su fama en Instagram.

En Ranui, una pequeña localidad de Val di Funes, la relación entre arquitectura y paisaje toma una dimensión particular. Esta capilla barroca dedicada a San Juan Nepomuceno no domina la montaña ni compite con ella. Se queda pequeña. Aislada. Rodeada por el territorio que le dio sentido. Esa proporción justa es, de hecho, una de las claves de su encanto.

Una capilla barroca al pie de las Odle

La imagen parece mostrar la pequeña Iglesia de San Giovanni (St. Johann in Ranui), situada en el apacible valle de Val di Funes, en la cordillera de los Dolomitas en Italia.
Iglesia de San Giovanni in Ranui, en el valle de Val di Funes, detrás la cordillera de los Dolomitas

La Chiesetta di San Giovanni está en Ranui, cerca de Santa Maddalena, dentro de Val di Funes, en Alto Adigio. El sitio oficial de turismo del Tirol del Sur la data como una construcción barroca de 1744 y señala que Michael Jenner encargó su edificación. También aclara que hoy sigue siendo una propiedad privada.

Su fachada decorada, el campanario lateral y la cúpula de tipo cebolla revestida de cobre son sus rasgos más reconocibles. Arriba de todo, una estrella corona la torre — el detalle que rara vez ves en las fotos, pero que le da el toque final al conjunto.

La inscripción de la fachada esconde, además, un pequeño misterio histórico. Ahí figuran el nombre de Michael Jenner y el año 1744, aunque los registros locales indican que Jenner ya había muerto en 1723. El municipio de Funes explica que sus sucesores colocaron esa inscripción tiempo después, probablemente como forma de homenaje. La historia documentada en Ranuihof aporta una pista más certera: todo indica que fue Joseph Anton Jenner quien finalmente impulsó la construcción.

San Juan Nepomuceno y el interior de la Iglesia de San Giovanni

Interior de la Iglesia de San Giovanni en Val di Funes
Altar de la Iglesia de San Giovanni

El nombre «San Giovanni» puede confundirte si llegas por primera vez. La advocación real corresponde a San Juan Nepomuceno, santo patrono de Bohemia, cuya presencia domina el interior del templo.

La información turística oficial destaca el altar de madera marmolizada como una de las piezas más valiosas del recinto, mientras las paredes laterales conservan pinturas dedicadas al santo. Según los registros históricos de Ranuihof, el interior guarda un ciclo de nueve pinturas sobre la vida de San Juan Nepomuceno, y el altar suma una representación del santo ante la Virgen y el Niño, vinculada a su martirio.

Ese patrimonio explica por qué reducir esta capilla a su famosa postal exterior sería quedarse a mitad de camino. La imagen de afuera es hoy el gran imán turístico, pero por dentro encuentras un espacio de culto vivo, con capas religiosas que merecen tu atención tanto como el paisaje.

Cuando el paisaje también forma parte de la experiencia

Lo que hace única a esta capilla es justamente su diálogo con el entorno. La construcción se levanta junto al Ranui Hof, en plena zona rural, con el macizo de las Odle irguiéndose detrás como telón de fondo.

Según la guía de Northabroad, el punto de observación clásico —el que seguramente ya viste en fotos— está a unos 100 metros del estacionamiento, en un espacio delimitado para proteger el terreno del desgaste que provoca la afluencia constante de visitantes.

Desde ahí entiendes enseguida por qué un edificio tan pequeño terminó volviéndose una de las imágenes más difundidas de las Dolomitas. La arquitectura ocupa apenas un rincón del encuadre, y todo lo demás lo construyen los prados y las montañas. No hace falta que el templo sea grande ni monumental. Su fuerza visual nace, justamente, de lo contrario — una iglesia diminuta frente a una cordillera que parece desproporcionada a su lado.

¿Cómo se visita hoy la Iglesia de San Giovanni?

Si estás planeando ir, conviene que sepas algunas cosas antes de salir:

  • Acceso: la capilla está en terreno privado y las autoridades turísticas piden expresamente no pisar los prados.
  • Costos: según Northabroad, el estacionamiento cercano cuesta 10 euros por día y el acceso más próximo al templo, 4 euros — aunque estos valores pueden variar.
  • El templo permanece cerrado: podés contemplarlo y fotografiarlo desde los espacios habilitados, pero no se puede ingresar.
  • Cómo llegar: hay servicios de transporte público desde Chiusa y Bressanone hasta la parada de Ranui; desde ahí, caminando, llegás en unos cinco minutos.

El dato que más importa, sin embargo, no tiene precio: quedate en los senderos habilitados. El paisaje que convirtió a este rincón en un ícono turístico es también un territorio rural que necesita que lo cuides.

Una iglesia pequeña para comprender las Dolomitas de otra manera

Esta joya del siglo XVIII, dedicada a San Juan Nepomuceno y guardada dentro de un entorno rural privado, no necesita competir con las grandes catedrales de Europa. Su fuerza está en otro lado. En cómo arquitectura, culto y paisaje siguen entrelazados después de casi tres siglos.

Quizás por eso la imagen se te queda grabada. Después de recorrer con la mirada las agujas de las Odle, la capilla te parece todavía más chica — y al mismo tiempo gana otro peso: te recuerda que en las montañas del Alto Adigio la experiencia religiosa no siempre vive en un gran templo. A veces aparece en una construcción sencilla, detenida frente a un paisaje que lleva siglos marcando el ritmo de la vida local.

por Miguel Cabrera Periodista especializado en turismo religioso



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