Cabalgata de la Fe: cuando el Chaco entero se pone en marcha

Miguel Cabrera

La Cabalgata de la Fe se realiza tradicionalmente todos los años los días 26 y 27 de julio en la provincia del Chaco, Argentina. Es una de las manifestaciones religiosas, culturales y gauchas más multitudinarias del Litoral argentino.


Son las siete de la mañana. El pueblo entero despertó con un frío seco que cala hondo. Una densa niebla borra las copas de los algarrobos y los cables de la luz. «¡Qué frío se vino hoy!» me dijo un paisano de a caballo. Estoy en Quitilipi —localidad chaqueña ubicada a unos 30 kilómetros de Resistencia, en el corazón productivo de la provincia.

Me invitaron a realizar la Cabalgata de la Fe, una de las peregrinaciones más multitudinarias del Litoral argentino.

Cada año, desde hace 30, la marcha sale desde la Sociedad Rural de Quitilipi antes que aclare. No logro darme cuenta donde termina la columna. Somos miles de jinetes. Son familias enteras. Agrupaciones gauchas.

Te puedo asegurar que entendí rápido que no estaba en un evento más. Estaba participando de algo que trasciende lo religioso y se convierte en motor de identidad para toda una provincia.

La jornada arranca con la misa y bendición del párroco. Un momento en el que el bullicio se apaga por unos minutos. Solo se escucha el resoplido de la niebla que brota de los ollares de los caballos impacientes.

Este evento convoca a autoridades como el gobernador, que lo hacen por fe, no por buscar votos. Los funcionarios se hacen presentes, año tras año, como testigos de una celebración que ya es sello de unidad chaqueña.

¿Cómo es recorrer la Cabalgata de la Fe?

La imagen muestra una columna de jinetes o gauchos con vestimenta tradicional y ponchos a caballo transitando por una ruta pavimentada durante las primeras horas de la mañana o el atardecer, bajo un cielo brumoso y rosáceo

El recorrido, de 75 kilometros en dos jornadas, tiene sus propias paradas rituales. En el Paraje Cuatro Bocas (Km 27). Donde se hace una pausa para tomar aire, mate y comer tortafritas. Más adelante, en el Paraje Las Tolderías, se vive la emotiva Misa del Peregrino, uno de los instantes más recogidos de toda la cabalgata.

Cuando cae la tarde, el cansancio del camino se transforma en fiesta en el Parador del Kilómetro 50. Participan artistas locales. Es momento de bailar y compartir con quien tengas al lado, sea conocido o no.

Porque acá la fe no se vive en silencio ni en soledad: se peregrina en honor a San Pantaleón, patrono de los enfermos, y a la Virgen de la Laguna —teológicamente la advocación de la Inmaculada Concepción —. Ambos son símbolos de esperanza para miles de devotos que encuentran en el lomo de un caballo una forma muy propia de rezar.

Como suele pasar en el Norte Grande Argentino, la devoción y la tradición gaucha no compiten entre sí. Aquí, como allá, se abrazan, y de esa fusión nace una experiencia que no se parece a ninguna otra, te lo puedo asegurar.

El segundo día: el encuentro en Pampa del Indio

La imagen muestra una tradicional cabalgata de la fe  gauchesca sobre una ruta en Argentina, donde numerosos jinetes vestidos con ponchos y atuendos típicos avanzan en procesión o desfile acompañados de banderas y estandartes

Cuando el sol vuelve a asomar sobre el campamento, el silencio de la noche se rompe con el mate que pasa de mano en mano y el crepitar de los fogones que se reavivan. Los caballos, descansados tras la primera jornada, esperan ensillados. Hoy el destino es el Parque Provincial Pampa del Indio —al norte de Quitilipi, en pleno territorio del Pueblo Qom—, donde la cabalgata alcanza su momento más esperado.

La columna avanza despacio por caminos rurales. Nos cruzamos con más agrupaciones gauchas. Con familias que siguen el recorrido en auto. Con peregrinos —decenas de miles — que prefieren hacerlo a pie. Vamos mezclados entre cánticos, rezos y banderas que el viento chaqueño no deja quietas. Cada kilómetro pesa distinto. Ya no es el arranque de la primera jornada, sino la cercanía del final.

Llegar a Pampa del Indio y ver entrar juntos a los jinetes y peregrinos de a pie, es una postal que sintetiza en un solo golpe de vista lo que esta peregrinación significa. Pura tradición gaucha y fervor religioso. Ambos amalgamados en un mismo gesto. Ahí se celebra la misa central en honor a San Pantaleón y la Virgen de la Laguna, que convoca a fieles llegados desde distintos puntos de la provincia.

Pero el cierre no es solo espiritual. El parque se transforma en punto de encuentro. Música folclórica, gastronomía regional y la hospitalidad chaqueña me invitan a quedarme un rato más.

Con esta segunda jornada, la cabalgata se suma —con identidad propia— al mapa de grandes peregrinaciones argentinas, junto a la Virgen de Itatí en Corrientes, la Virgen del Valle en Catamarca o la Peregrinación Juvenil a Luján.

Un destino que empieza a mirar el mundo

Si, como yo, sos de los que viaja pensando también en el impacto local, te va a interesar saber que, durante estos días, los comercios, restaurantes y alojamientos de Quitilipi y alrededores viven un movimiento fuera de lo común. Para el turismo religioso chaqueño, la cabalgata es una oportunidad estratégica: posicionarse como un destino capaz de atraer viajeros de otras provincias e incluso del exterior, interesados en vivir algo genuino y no una postal armada.

La comparación con otros grandes santuarios del país resulta inevitable. Corrientes recibe más de 300 mil peregrinos en la Basílica de Itatí. Catamarca congrega otro tanto o más con la Virgen del Valle (Celebración de la Procesión de la Virgen del Valle de una Manera Especial). Frente a esos números, la Cabalgata de la Fe todavía es joven, pero tiene algo que muchos destinos consolidados ya perdieron: una identidad religiosa clara, una tradición gaucha intacta y una capacidad genuina de movilizar comunidades enteras alrededor de una misma creencia.

Al final del recorrido, lo que me quedó no es solo el cansancio en el cuerpo, sino la certeza de haber sido parte de algo colectivo. Porque esta manifestación gaucha no es únicamente una peregrinación: es la prueba de que, cuando se vive con autenticidad, la fe puede convertirse en un motor de encuentro, identidad y crecimiento para todo un pueblo.

por Miguel Cabrera Periodista especializado en turismo religioso



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La Cabalgata de la Fe en Quitilipi – Crédito de las fotos goberancion del Chaco