La iglesia colonial de Susques, en la Puna jujeña, fue consagrada en 1598 y es la más antigua de la provincia. Construida con adobe, madera de cardón y cuero de llama, guarda pinturas del siglo XIX, campanas fundidas en Bolivia colonial y un órgano cuyo teclado obliga a arrodillarse para tocarlo.
Hay cosas que el paisaje de la Puna te hace antes de que llegues a ningún edificio. A 3.620 metros de altura, el aire cambia la forma de respirar. La luz aplana las distancias y hace que los cerros multicolores al fondo parezcan pintados. El silencio pesa. (Por qué en Jujuy la fe parece formar parte del paisaje?)
Y cuando Susques aparece en el fondo de su pequeña hoya —unas pocas casas de adobe, el bulevar de trescientos metros que atraviesa el pueblo—, la iglesia blanca al final de la calle es lo primero que se ve y lo último que uno se termina de entender.
La iglesia de Nuestra Señora de Belén de Susques fue consagrada en 1598. Cuatro siglos y pico de historia que el templo lleva con una discreción que podría confundirse con modestia. Pero, en realidad, es otra cosa. Es la serenidad de aquello que nunca necesitó demostrar nada.
Una imagen encontrada debajo de una piedra
Antes del templo vino la imagen. Según la tradición que los propios pobladores conservan, una figura de la Virgen de Belén fue encontrada debajo de una piedra en este lugar. No hay forma de fechar ese hallazgo con precisión —las fuentes escritas más antiguas que se conservan del templo datan de 1757, aunque la tradición oral y los registros parroquiales hablan de un oratorio levantado ya en 1588—. Lo que sí está documentado es que en ese mismo sitio del hallazgo, a fines del siglo XVI, los jesuitas junto con los pobladores originarios construyeron la capilla actual.
Los primeros pobladores de Susques fueron los likan antai (o lickanantay). Pueblo atacameño que mantuvo su cultura incluso bajo la ocupación del Imperio Inca a partir de 1475. Con la llegada de los conquistadores españoles y luego de los misioneros jesuitas, el lugar adquirió una nueva capa. La de una encrucijada de caminos coloniales entre el noroeste argentino y el Alto Perú. Por allí circulaban comerciantes, autoridades virreinales y peregrinos. La iglesia nació, en ese cruce.
Adobe, cardón y cuero de llama: una arquitectura que no admite impostura

Lo primero que te impacta cuando entras es que todo aquí viene del suelo que pisas. Los muros son de adobe —barro mezclado con paja—, gruesos como deben serlo para sobrevivir las oscilaciones térmicas extremas de la Puna. El techo a dos aguas descansa sobre vigas de madera de cardón, el cactus columnar que puntúa el paisaje puneño. Y las uniones entre esas vigas no están clavadas con hierro —no había hierro— sino atadas con tientos de cuero de llama curtido. La solución más antigua del mundo aplicada al problema más urgente. Sostener un techo a cuatro siglos de cualquier ferretería.
La arquitectura responde al entorno de una manera que ningún arquitecto contemporáneo podría calcular mejor. No busca monumentalidad. Busca durar. Y lo logró. La iglesia fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1943. Año en que Susques dejó de ser parte del Territorio de los Andes y pasó a integrar la provincia de Jujuy. Hoy sigue en pie exactamente donde la construyeron, frente al bulevar central, mirando los cerros.
El conjunto pertenece a una tipología arquitectónica colonial escasa, incluso en Argentina. La de atrio cerrado con capillas posas. Un muro perimetral bajo rodea el atrio. En cada esquina hay una pequeña construcción —las capillas posas— donde las imágenes se «posan» durante las procesiones, en especial la del 23 de enero, fiesta patronal de la Virgen de Belén.
Es la misma disposición que usaron los evangelizadores en el área andina para congregar periódicamente a una población trashumante. Cuatro siglos después, sigue siendo exactamente eso. Un punto de reunión.
Misterios y particularidades de la iglesia de Susques

Cuando recorro atractivos de turismo religioso siempre busco que los locales me relaten historias, enigmas. Esos hechos que, a veces escapan de los libros, pero permanecen intactos en la tradición oral. En Susques encontré tres datos que los quiero compartir.
Las pinturas murales de Nuestra Señora de Belén de Susques
Dentro del templo, las paredes están cubiertas de pinturas que datan del siglo XIX. Las ejecutó un tal Gregorio Solís Uriondo. Un artista boliviano que recorrió los pueblos de la Puna dejando su trazo en varios templos de la región.
El templo de este pueblo, de poco más de mil almas, posee murales con características únicas. Un «documento vivo» de la independencia artística que alcanzaron los pintores de la Puna en pleno período colonial.
- La flora y fauna como protagonistas sagradas: A diferencia de lo que ocurre en otras iglesias jujeñas, en Susques los muros exhiben una profusión de aves regionales y flora local entrelazadas con las figuras religiosas.
- El uso de pigmentos minerales únicos (Brochantita y Antlerita): Estudios científicos recientes revelaron un dato revolucionario sobre la paleta cromática de Susques. Para lograr los tonos verdes de las plantas y aves, Solís Uriondo utilizó una mezcla de brochantita y antlerita (sulfatos básicos de cobre).
- La técnica de fijación sobre adobe seco: Gregorio pintó directamente sobre un revoque de barro arcilloso y paja completamente seco, utilizando mordiente (aglutinante) de cuero de llama para sellar la porosidad extrema del adobe. Esto creó una película pictórica elástica capaz de soportar la rigurosidad climática de la Puna, sin agrietarse, ni desprenderse durante más de 400 años.
El misterio de las campanas
Las campanas de bronce fueron fundidas en Chuquisaca, la actual Sucre boliviana, en plena época colonial. La pregunta que todos nos hacemos es ¿cómo viajaron hasta allí?
El recorrido se hizo —¿con la gracia de la Virgen?— atravesando la agreste y hostil geografía de la Puna. Superando alturas, senderos inhóspitos a lomo de mula.
Existe una leyenda respecto a porque hoy suenan igual que antaño. Los relatos orales aseguran que, al momento de ser fundidas, se le agregaron monedas de oro y joyas de plata. Según la creencia, este aporte es el secreto de su sonoridad única. La cual —pude comprobarlo— se puede escuchar a kilómetros de distancia a través del silencio del desierto de altura.
El órgano que se toca de rodillas
Y está el órgano. Nadie lo menciona en las guías generales, pero es uno de esos detalles que se quedan. El teclado está instalado a una altura tan baja que solo puede tocarse de rodillas.
No es un accidente de diseño ni una metáfora: es una solución práctica que alguien tomó en algún momento. De esto no hay registro escrito. Se me ocurre definirlo como la relación entre el músico y el instrumento de una manera que ninguna catedral europea puede replicar.
Un templo que no se convirtió en museo
Muchos edificios coloniales argentinos terminaron su vida activa para empezar otra como patrimonio gestionado. Visitas guiadas, horarios de apertura, candados. La iglesia de Susques siguió otro camino.
Sigue siendo el centro espiritual del pueblo. Aquí se celebran los bautismos, los casamientos, los funerales, las fiestas litúrgicas del año. El 23 de enero, cuando se celebra las patronales de la Virgen de Belén, Susques se llena con la gente de las comunidades vecinas. Llegan desde lejos porque la imagen que está sobre el altar mayor —antiquísima, de origen incierto— sigue siendo real para quienes la veneran. Eso es algo que el patrimonio arquitectónico no puede producir por sí solo.
Es también lo que hace que la visita sea distinta a la de cualquier otro monumento colonial. Cuando entras a la iglesia de Susques, no estás entrando a algo detenido en el tiempo. Estás entrando a un lugar que sigue funcionando para lo que fue construido. Esa continuidad —cuatrocientos años de continuidad— es lo más difícil de encontrar y lo primero que se nota.
Antes de salir del pueblo
Susques es un nodo carretero. La Ruta Nacional 52 (eje este-oeste), que conecta Purmamarca con el Paso de Jama hacia Chile. La Ruta Nacional 40 (eje norte-sur), que conecta San Antonio de los Cobres con La Quiaca.
Es decir: quien viaja hacia cualquiera de esos lugares, pasa cerca. El desvío no es un desvío. El pueblo queda sobre las rutas. El templo queda a cuadras del camino. Y, la visita —si la iglesia está abierta—, puede hacerse en el tiempo de una parada.
La dificultad real es esa: la iglesia no siempre está abierta. No tiene horarios fijos publicados. Para quien viaja especialmente hasta Susques, lo más razonable es llegar al pueblo, preguntar a los vecinos —que en general conocen quién tiene la llave— y tener la disposición de esperar. La Puna nos enseña eso también. Que el tiempo no se gestiona. Se habita.
Cuando uno sale de Susques y mira por última vez la fachada blanca contra el cielo de altura —ese azul sin matices, sin nubes, sin término medio—, lo que queda no es la imagen de un monumento. Es la certeza de haber estado en un lugar donde la fe y el adobe resisten exactamente igual. Sin hacer ruido, sin pedir permiso, desde 1598.
por Miguel Cabrera Periodista especializado en turismo religioso
VERIFICACIÓN DE HECHOS Y DATOS: Nos esforzamos por la precisión y la equidad. Pero si ves que falta algún dato o hay que corregirlo, ¡haz clic aquí para avisarnos! TURISMORELIGIOSO.TRAVEL revisa y actualiza su contenido regularmente para garantizar que sea completo y preciso.
Esta nota fue posible gracias al apoyo de nuestra comunidad
Súmate tú también, haz que sigamos siendo posibles. Dona el precio de un café para que continuemos comunicando, ¡MUCHAS GRACIAS!
Renuncia: TURISMORELIGIOSO.TRAVEL no reclama ningún crédito por las imágenes que aparecen en nuestro sitio a menos que se indique lo contrario. Todo el contenido visual está protegido por derechos de autor de sus respetuosos propietarios. Intentamos enlazar a fuentes originales siempre que sea posible. Si posee los derechos de cualquiera de las imágenes y no desea que aparezcan en TURISMORELIGIOSO.TRAVEL póngase en contacto con nosotros y se eliminarán de inmediato. Creemos en proporcionar una atribución adecuada al autor, artista o fotógrafo original
¡Puede haber enlaces de afiliados en esta página! Eso solo significa que si haces clic en un enlace que te guste, al comprarlo, podríamos ganar algo de dinero con ello. No te preocupes, no pagarás ningún adicional. Incluso, a veces, podrías obtener un sabroso descuento. ¡Es una victoria para nosotros y una victoria para ti también!