La Javierada: cuando Navarra entera camina bajo la lluvia hacia un castillo del siglo XVI

Miguel Cabrera

La Javierada es una multitudinaria peregrinación anual que realizan miles de personas en España hacia el Castillo de Javier (Navarra), el lugar de nacimiento de San Francisco Javier, patrono de las misiones y copatrono de Navarra


Tengo barro hasta los tobillos. Mis manos, rojas de frío, se calientan alrededor de una hoguera improvisada en la banquina. Todavía quedan kilómetros de carretera por delante. Alguien reparte caldo caliente en vasos de plástico. Es de noche. Es marzo, y en Navarra eso solo puede significar una cosa: miles de personas caminando hacia el mismo castillo.

Para ubicarte: hablo de la comarca de Sangüesa, al sureste de Navarra, donde se levanta el Castillo de Javier. Cada marzo, en dos fines de semana consecutivos, la Policía Foral y la Guardia Civil cortan tramos de carreteras secundarias como la N-240 o la NA-5410 para dejar pasar las columnas de peregrinos. No es una procesión de domingo. Puedo asegurarte que es un desplazamiento que altera el tránsito de buena parte de la provincia.

Los recorridos cambian según de dónde salgas. Yo lo hice desde Tudela, en la Ribera de Navarra. Una caminata de tres días para recorrer los 90 kilómetros repartidos en varias etapas. Otros salen de Sangüesa, el tramo final apenas supera los siete kilómetros. En el medio, ermitas y pueblos donde parar, hogueras para no congelarte, y esos caldos y comidas pesadas que alguien siempre está preparando para quien llega, como yo, con el frio calándome los huesos.

¿A quién fuimos a buscar al final del camino? A un noble navarro que terminó muriendo a miles de kilómetros de ahí.

[El Santuario de San Miguel de Aralar, Otra Joya Navarra]

Un navarro que murió frente a las costas de China

Al fondo el Castillo de Francisco punto final de las Javieradas

Francisco de Jaso y Azpilicueta —San Francisco Javier para el resto del mundo— nació en 1506 en la fortaleza que hoy es el destino de la marcha. Estudió en París, donde conoció a Ignacio de Loyola y ayudó a fundar la Compañía de Jesús. En 1541 se embarcó rumbo a Oriente y no volvió.

Pasó por Goa, por las islas Molucas y en 1549 desembarcó en Kagoshima, convirtiéndose en uno de los primeros europeos en pisar el Japón del período Sengoku. Murió en 1552 en la isla de Sancián, frente a la costa de China, intentando todavía entrar al Imperio Ming. Ese historial de viajes sin retorno explica, según se cuenta en Navarra, por qué el homenaje se hace caminando.

El Cristo que sonríe y los esqueletos que bailan

La imagen muestra el Santo Cristo de Javier, una notable talla gótica en madera de nogal del siglo XV o XVI ubicada en la capilla del Castillo de Javier en Navarra, España. Esta escultura es famosa por su inusual expresión que parece mostrar una leve sonrisa y por estar estrechamente vinculada a la vida y devoción de San Francisco Javier. La Javierada
La talla es en madera de nogal, los murales los pintados con danzas de la muerte al fondo

El castillo que se visita hoy es en buena parte una reconstrucción de finales del siglo XIX. El original fue demolido por orden del cardenal Cisneros en 1516 y solo sobrevivieron restos parciales.

Dentro, la Capilla del Santo Cristo guarda una talla gótica del siglo XIV, en madera, de tamaño natural. Es un Cristo crucificado con una leve sonrisa, algo poco habitual en el arte sacro de la época. La tradición navarra y aragonesa cuenta que esa imagen sudó sangre el día en que Francisco de Jaso murió en Sancián.

En las mismas paredes hay algo que contrasta de lleno con esa serenidad. Son murales góticos, descubiertos durante una restauración del siglo pasado. Ahí se ve la representación de la Danza de la Muerte —esqueletos en movimiento con inscripciones sobre lo pasajero de la vida—. Dos registros opuestos, conviviendo en la capilla privada de la misma familia. Loco ¿no?

De la acción de gracias por el cólera a las columnas de hoy

La costumbre de marchar en grupo hacia el castillo arrancó a fines del siglo XIX, como acción de gracias tras la epidemia de cólera de 1885. Tomó la forma que tiene hoy recién en la década de 1940, organizada por el Arzobispado de Pamplona y Tudela.

La marcha termina en la explanada frente al castillo, con una misa al aire libre que junta a decenas de miles de personas antes de que todos vuelvan, por carretera, a sus casas.

La Javierada no se explica solo por la devoción a un santo. Se explica por lo que implica juntar a decenas de miles de navarros a caminar con barro, frío y hogueras compartidas, cada comienzo de primavera, detrás de alguien que murió intentando llegar más lejos todavía.

Las réplicas internacionales: de los ríos entrerrianos a las costas del Índico

La devoción al misionero navarro y la dinámica de las caminatas colectivas traspasaron las fronteras europeas, consolidando réplicas con identidad propia en otros continentes.

[Pamplona Mas Cerca de lo Que Crees]

La Javierada Argentina (Entre Ríos)

Es una de las adaptaciones más estructuradas fuera de España. Nació por iniciativa de comunidades católicas locales que buscaron replicar la tradición de la caminata en el litoral sudamericano. La ruta conecta las ciudades de Diamante y Paraná, en la provincia de Entre Ríos, mediante un trayecto de aproximadamente 45 kilómetros que se realiza tanto a pie como en bicicleta. Al igual que la convocatoria navarra, se celebra durante el mes de marzo y reúne a cientos de jóvenes y peregrinos en una jornada de esfuerzo compartido y convivencia. (Paraná, un Circuito Cargado de Simbolismo Religioso)

La convocatoria en Goa (India)

En la ciudad de Vieja Goa, donde descansan los restos del santo en la Basílica del Buen Jesús, la festividad se desarrolla en los primeros días de diciembre, coincidiendo con la fecha de su muerte. Aunque en el ámbito local se la denomina habitualmente como la novena o fiesta del Santo, cronistas e historiadores la identifican directamente como la «Javierada de Goa» por la similitud en sus formas. Durante las jornadas festivas, miles de personas caminan bajo el sol tropical desde localidades de toda la región —como la capital, Panaji, o poblados rurales vecinos— para llegar a pie hasta el templo, manteniendo la misma estructura de esfuerzo físico y marcha comunitaria que caracteriza a la cita navarra.

por Miguel Cabrera Periodista especializado en turismo religioso


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