Así es la Verdadera Fiesta de San Roque en Catamarca

Miguel Cabrera

En el pueblo de San José, sobre la emblemática Ruta 40, en el Oeste de Catamarca, Argentina, se vive la fiesta de San Roque como en pocos lugares de ese país. Todo fluye en rededor del Santuario Diocesano de San Roque, el primero de la Prelatura de Cafayate, desde agosto del 2001.

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La Historia del Santuario de San Roque

Frontis del Santuario de San Roque en San José, Catamarca - Crédito Los Cabrera Comunicacion
Frontis del Santuario de San Roque en San José, Catamarca – Crédito Los Cabrera Comunicacion

En su libro El alma de un pueblo, el presbítero Flavio Quiroga afirma que el templo se originó en 1716, a pedido de Juan de Retamozo, fundador de San José. Según el autor, la primera construcción fue, en 1787, una pequeña capilla bajo la advocación de San José, padre putativo de Jesús. Con el paso del tiempo, la capilla fue ampliada hasta alcanzar las dimensiones de lo que hoy constituye la nave central del templo parroquial.

Según relatan las crónicas, Martín Sánchez, un vecino de origen español, se encargó de embellecer y ampliar el edificio. Fue quien construyó la fachada actual y abrió los laterales para dar lugar a las naves. La nave sur posee un altar dedicado a la Virgen del Valle, cuyo trono, coronado por una bellísima corona, se utilizaba en las procesiones de Nuestra Señora del Milagro en Salta. La nave norte, por su parte, alberga el camarín de San Roque, copatrono del pueblo, a quien los sanjosinos llaman cariñosamente San Roquito.

En el ábside de la parroquia se encuentra una imagen de bulto de San José, patrono de la localidad, y sobre ella, la del Cristo Resucitado. En los laterales, dentro de hornacinas, se pueden apreciar tallas de Nuestra Señora del Carmen, de la Virgen de Lourdes y de la Virgen de Fátima.

En el siglo pasado, el gobierno provincial aportó los fondos necesarios para revocar toda la construcción y el altar mayor. A cambio, la Iglesia cedió una parte de su terreno para la construcción del Mercado Municipal. Hoy, de ese altar mayor solo queda el recuerdo de quienes llegaron a verlo. Ocupaba todo el fondo de la nave central y contaba con una barandilla de bronce, donde la feligresía recibía la comunión. Fue demolido para dar paso a la reforma impuesta por el Concilio Vaticano II.

El Misterio del Hallazgo de San Roque

La imagen de San Roque se presenta a los peregrinos Crédito Municipio de San José
La diminuta imagen de San Roque se presenta a los peregrinos Crédito Municipio de San José

El origen de la venerada imagen de San Roque en Catamarca no tiene una única verdad escrita en piedra. Lo que existe es un mosaico de relatos transmitidos de generación en generación. Un tejido de tradiciones que refleja lo hermoso de la memoria popular que aún late en parajes como este.

Algunos testimonios hablan de un hallazgo fortuito: miembros de la familia Zúñiga descubrieron la pequeña estatuilla entre costales de maíz en un granero de Tucumán y la llevaron consigo a Andalhuala. Con el tiempo, la figura llegó a Río Blanco, en Andalgalá, donde comenzó a ser objeto de devoción.

Otros relatos la ubican bajo un chorro de agua en Chauspillaco, cerca de Choya, o en las serranías de Minas Capillitas, en un paraje llamado «Los Corralitos de Chauspi Yaco». Unos campeadores la encontraron y la entregaron a la familia Carrazana, que iniciaron un culto privado en su hogar.

La tradición oral añade más capas: Miguel Carrazana habría recibido la imagen a cambio de maíz, y al regresar la descubrió entre los costales. En otra versión, un niño fue quien la halló en el fondo de una peña, visible solo para sus ojos, hasta que logró sacarla de allí.

Cada relato aporta un detalle distinto — un granero, una cueva minera, un arroyo, una peña escondida —. Pero todos coinciden en lo esencial: la imagen apareció en circunstancias extraordinarias y fue acogida por la fe de las familias locales que levantaron oratorios y transmitieron la devoción. Así, el hallazgo de San Roque se convirtió en un relato compartido, tejido entre historia, tradición y esperanza, aún vivo en el santuario de San José.

Así es la Fiesta de San Roque en San José

San Roque "pisa" a los peregrinos Crédito Los Cabrera Comunicación
San Roque «pisa» a los peregrinos Crédito Los Cabrera Comunicación

San Roque, patrono de los enfermos, celebra su fiesta en agosto, convirtiéndose en una de las celebraciones más auténticas y convocantes de la provincia, después de Nuestra Señora del Valle. Acuden fieles de toda la puna, tanto catamarqueña como salteña. Desde los valles calchaquíes confluyen artesanos que vienen a vender sus obras, vendedores ambulantes, copleros, bailarines, «rezadoras» y «curanderos». Todos convergen para rendir tributo al «San Roquito». Anclada en el corazón de los valles calchaquíes, esta fiesta muestra un profundo sincretismo cultural, donde se palpa año tras año la magia del rito que anuda el lazo entre San Roque y su pueblo.

Las peregrinaciones llegan desde diferentes puntos hacia el Santuario de San José.

Peregrinación desde Tafí del Valle

Bajo el lema «con San Roque caminemos juntos», se realizó en 2022 la primera peregrinación con la imagen de San Roque desde Tafí del Valle, Tucumán. Desde ese momento cada año, antes de la celebración de San Roque, peregrinos de toda la región atraviesan el Aconquija, el cordón montañoso que une Tucumán y Catamarca, para llegar a la iglesia de San José. Devotos oriundos de San José, Santa María, Belén, Cafayate y Tafí del Valle emprenden una caminata de 47 kilómetros desde Tafí del Valle a San José, durante dos días de fe puesta en cada paso.

El desafío no es menor. Atraviesan cumbres nevadas. Senderos de altura que arrancan en los 2000 msnm de Tafí del Valle. Luego se trepa hasta superar los 4000 msnm en el cordón del nevado de Aconquija. Para luego descender para llegar a San José. Entre el frío cortante de la cumbre y el cansancio de las piernas, algo sostiene a los peregrinos: la certeza de que San Roquito los esperaba al final del camino, como cada año, como siempre.

Peregrinación desde Andalgalá

Los peregrinos con la imagen de San Roque ante de partir de Rio Blanco
Los peregrinos con la imagen de San Roque antes de partir de Rio Blanco

Cada año, del 4 al 7 de agosto, se celebra la tradicional Bajada de San Roque en Río Blanco, Andalgalá, cuna del primer Oratorio del Santo. La venerada imagen de San Roque es trasladada en una caravana vehicular hacia Río Blanco, marcando el inicio de esta festividad llena de fe y tradición. (Las capillas del paraiso, las encontramos en Andalgalá)

Durante la noche, los fieles participan en una vigilia de Misachicos, una peregrinación que se anima con danzas y música de instrumentos tradicionales, acompañada por las antiguas alabanzas de los lugareños.

Con el amanecer, la peregrinación se pone en marcha. Al llegar a El Ingenio, se celebra una misa y, tras el almuerzo, los peregrinos toman un merecido descanso antes de retomar su camino. Luego con el atardecer, alcanzan Loma Redonda, donde se celebra otra misa y comienza una nueva vigilia para continuar al día siguiente. Al caer la noche, llegan a Punta Balasto, donde la imagen de San Roque es confiada a la comunidad de la Capilla Santa Lucia para su custodia.

El tercer día amanece con la reanudación de la peregrinación, llegando a mediodía a El Desmonte, coincidiendo con la festividad de San Cayetano. Aquí se oficia la última misa del trayecto. Al final de la tarde, la imagen y los peregrinos son recibidos con honores por el Rector del Santuario, autoridades y la comunidad. Tras la misa, da inicio la novena en honor a San Roque, culminando así un viaje de devoción y tradición.

La Celebración

Cuando cae la noche del 15 de agosto, el Paseo de la Fe se enciende con el espectáculo cultural que anuncia la víspera. La espera se hace tangible. El pueblo se congrega, porque algo en el aire empieza a cambiar. A la medianoche, las campanas repican su retoque anunciando que ha llegado el día. La imagen de San Roque sale a bendecir al pueblo que lo aguardó durante todo el año.

El día de su fiesta amanece con la Misa de Acción de Gracias, oficiada por el párroco, los sacerdotes de la Orden de San Agustín y todo el clero diocesano, un coro de voces que agradece por los caminos recorridos y los milagros recibidos. Después del mediodía, el espectáculo folclórico cultural toma la plaza. La devoción se transforma en fiesta: música, danza y color que celebran, una vez más, que San Roquito sigue cuidando a su pueblo.

por Miguel Cabrera Periodista especializado en turismo religioso



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