Tabarca no es solo una isla; es un templo flotante donde la fe se forjó entre murallas, piratas berberiscos y el rescate heroico de prisioneros genoveses. Su Iglesia de San Pedro y San Pablo, levantada en el siglo XVIII, guarda la espiritualidad de una comunidad que renació desde la esclavitud. Es la única isla habitada de la Comunidad Valenciana y un secreto que se susurra entre leyendas de sirenas, monstruos marinos y apariciones nocturnas.
Cuando el ferry se acerca a Tabarca y divisás sus murallas recortándose contra el azul intenso del Mediterráneo, entiendes por qué, esta pequeña isla, fue durante siglos un escenario de batallas, refugio y redención. El aire salado te golpea la cara con fuerza, mezclado con el grito lejano de las gaviotas. No estás llegando a una simple excursión turística; estás pisando uno de los rincones más auténticos del Levante español. Donde cada piedra cuenta una historia de supervivencia, fe y misterio. Aquí, en apenas 1800 metros de largo por 400 de ancho, el tiempo parece haberse detenido entre las leyendas marineras y el eco de las campanas de su iglesia barroca.
La Iglesia de San Pedro y San Pablo en Tabarca: Fe con aspecto de fortaleza
Al bajar del ferry y caminar por las estrechas calles empedradas de Tabarca, lo primero que ves alzarse sobre el caserío blanco es la Iglesia de San Pedro y San Pablo. Su presencia es imponente, casi defensiva. Y no es casualidad. Este templo, construido entre 1769 y 1779, nació con una doble vocación: ser casa de Dios y refugio ante los ataques que aún acechaban estas costas.
Su arquitectura responde al espíritu de la Ilustración española, pero con un toque mediterráneo inconfundible. La planta es rectangular, con orientación litúrgica canónica (este-oeste). La nave única se divide en tres tramos marcados por contrafuertes interiores que sostienen las bóvedas. Lo curioso es que cuenta con dos puertas: una principal hacia poniente y otra lateral al sur. Esta conecta con el eje urbano que, en teoría, debía llegar hasta un castillo que nunca se construyó.
Cuando te acercas al pórtico, notas inmediatamente el estilo barroco en sus curvas. También en las superficies alabeadas de los huecos de las ventanas. Pero hay un detalle que te dejará sin palabras: esas ventanas no tienen vidrios comunes, sino delgadas láminas de alabastro translúcido. La luz del Mediterráneo se filtra y crea una atmósfera dorada y etérea en el interior. Es como si el sol entrara rezando.
Bajo el pavimento de la iglesia hay tres bóvedas con sepulturas. Un recordatorio constante de que Tabarca fue —y sigue siendo— una comunidad íntima, donde la vida y la muerte comparten el mismo espacio reducido. Contiguo al templo se levanta un edificio que servía como casa del cura y escuela. Se completa así, el núcleo espiritual y educativo de la isla.
Las Fiestas de San Pedro y San Pablo en Tabarca: Cuando la fe toca el mar

Los 29 de junio, el ritmo de la isla cambia completamente. Las Fiestas Patronales en honor a San Pedro y San Pablo transforman este refugio flotante en una celebración donde lo sagrado y lo profano dialogan bajo el cielo mediterráneo.
Las festividades comienzan con una despertà (alborada de cohetes y música) que recorre las callejuelas antes del amanecer, anunciando que la isla despierta en honor a sus santos protectores. La mañana trae consigo una misa solemne en la casa de los Santos Patronos. Ese es el momento de invocar la protección de los apóstoles sobre los marineros y pescadores. Pero lo verdaderamente cautivador es la procesión marítima: la imagen de Pedro y Pablo es portada en barco. Navega alrededor de la isla escoltada por una flotilla de embarcaciones decoradas, mientras el Mediterráneo se convierte en templo al aire libre.
Por la tarde, los pasacalles llenan las calles de música, gaita y cabezudos que hacen sonreír incluso a los turistas más escépticos. Las verbenas populares con bandas de música en vivo se extienden hasta bien entrada la noche. Cuando cae la oscuridad, un espectáculo de fuegos artificiales estalla sobre el agua, tiñendo el cielo de colores en un acto de devoción que también es celebración. Lee esta nota si deseas saber: ¿Cuándo y dónde se celebra la fiesta de San Pedro y San Pablo?
Tabarca: La única isla habitada de la Comunidad Valenciana
Al estar en Tabarca, es difícil imaginar que esta pequeña roca en medio del mar sea la única isla habitada de toda la Comunidad Valenciana. En invierno, apenas 50 personas resisten el viento y la soledad; en verano, esa cifra se multiplica por diez, llenando de vida sus callejuelas y sus calas de agua cristalina.
Oficialmente, su nombre es Nueva Tabarca o Isla Plana (por su perfil bajo, apenas 15 metros sobre el nivel del mar). Pero todo el mundo la conoce simplemente como Tabarca. Se encuentra a unas once millas náuticas de Alicante y cerca del cabo de Santa Pola, formando parte de un pequeño archipiélago que incluye los islotes de La Cantera, La Galera y La Nao.
Lo extraordinario es que esta isla no solo es un tesoro arquitectónico y espiritual; también fue declarada en 1986 como la primera Reserva Marina de España, convirtiendo sus aguas en un santuario de biodiversidad donde abundan meros, morenas, dentones y pargos.
De refugio pirata a redención ilustrada: La historia de Tabarca
La historia de Tabarca es una novela de aventuras escrita con sangre, sal y fe. Durante los siglos XVI y XVII, estas aguas eran el territorio de los piratas berberiscos. Unos corsarios del norte de África que asolaban las costas del Levante español en busca de botines y esclavos. La isla era su refugio perfecto: aislada, estratégica y con vistas privilegiadas para avistar cualquier barco que se acercara.
Pero la historia da un giro dramático en 1768. Ese año, Carlos III, empujado por el fraile trinitario Alonso Cano Nieto, consiguió redimir a un grupo de 323 personas de origen genovés que habían sido esclavizadas en la isla tunecina de Tabarka. Estos pescadores y comerciantes habían vivido allí bajo el gobierno de la República de Génova desde 1540, hasta que en 1741 el rey de Túnez tomó la isla y los convirtió en cautivos.
Nace la Nueva Tabarca
Durante quince años y meses, estos hombres, mujeres y niños sufrieron la esclavitud, primero en Túnez y luego en Argel. Las crónicas cuentan que muchas mujeres parieron en el camino entre prisiones, bajo el sol abrasador del desierto. Hasta que Carlos III, en un acto de política ilustrada y compasión cristiana, negoció su liberación y los trasladó a la pequeña isla frente a Santa Pola, dándoles una nueva oportunidad: Nueva Tabarca.
Los genoveses llegaron en barcos, traumatizados pero esperanzados. El rey les construyó murallas, les asignó casas numeradas, les regaló seis embarcaciones para pescar y una galeota para su seguridad. Además, les eximió del servicio militar y de pagar impuestos. Fue un proyecto urbanístico ilustrado, diseñado en Madrid con calles rectas y una iglesia en el centro, pensado para repoblar estratégicamente el Levante y protegerlo de las incursiones piratas.
Hoy, los descendientes de aquellos genoveses esclavizados todavía viven en Tabarca, conservando apellidos, tradiciones y un orgullo feroz por su historia de supervivencia.
Leyendas que susurran en la niebla: Fantasmas, sirenas y monstruos marinos
Tabarca no sería Tabarca sin sus leyendas. Aquí, entre el murmullo del viento y el romper de las olas, los viejos marineros cuentan historias que hielan la sangre.
El fantasma del faro
El faro de Tabarca, construido en el siglo XIX, es uno de los lugares más inquietantes de la isla. Algunos pescadores aseguran haber visto figuras espectrales caminando cerca del faro durante la noche, especialmente cuando la tormenta azota. Según la tradición oral, estas apariciones podrían ser los espíritus de antiguos marinos que naufragaron en las costas. O, quizás, el alma de un farero que perdió la vida en circunstancias desconocidas y cuyo espíritu sigue vigilando la luz que guía a los navegantes.
La sirena de Tabarca
Los pescadores más veteranos de Santa Pola juran que, en ciertas noches de luna llena, es posible escuchar un canto hipnótico proveniente del mar en dirección a Tabarca. Algunos lo atribuyen al viento chocando contra las rocas. Pero otros sostienen que es el eco de una antigua sirena que habitaba las aguas alrededor de la isla y advertía a los marineros de tormentas inminentes.
El «Ser del Este» y las «llamias»
La leyenda más escalofriante habla de una criatura misteriosa, apodada «el Ser del Este», que habitaría las aguas profundas junto a la costa rocosa de Tabarca. Se decía que solo salía en noches sin luna, dejando a su paso redes vacías, barcos dañados y silencios demasiado largos. Los viejos tabarquinos también hablan de las «llamias», criaturas de enormes dimensiones, con gran voracidad y agresividad, capaces de tumbar embarcaciones y devorar a quienes se cruzaran en su camino. En los años 40, se asegura que una de estas criaturas fue capturada, aunque nunca se supo con certeza qué era: algunos hablaban de una foca monje gigante, otros de un ser todavía sin catalogar. Lo cierto es que los ancianos del lugar siguen relatando las andanzas de esta bestia marina y los enigmáticos ruidos que provenían de las profundidades y retumbaban en la isla.
Cómo llegar a Tabarca: Tu viaje comienza en Santa Pola o Alicante
Llegar a Tabarca es parte de la experiencia. La isla solo es accesible por mar, y el trayecto más común y rápido es desde Santa Pola.
Desde Santa Pola
El ferry o catamarán con visión submarina sale del puerto de Santa Pola varias veces al día. Las salidas son, aproximadamente, cada 45 minutos en temporada alta. El trayecto dura 25 minutos. Incluye una parada en la reserva marina para que puedas observar el fondo marino a través de los miradores sumergidos. Los billetes se pueden reservar online para evitar colas y asegurar tu plaza. Los niños menores de 4 años viajan gratis.
Los horarios pueden variar según la temporada y las condiciones meteorológicas, por lo que es recomendable verificarlos antes de tu viaje.
Desde Alicante
También hay servicios de ferry desde el puerto de Alicante. Este trayecto es más largo (aproximadamente 1 hora) y con menos frecuencia que desde Santa Pola. Nosotros te ofrecemos transporte y disfrutar de los fondos de visión submarina del barco. Ver Más Detalles
Consejo de viajero: Si querés vivir Tabarca en su esencia más pura, evitá los meses de julio y agosto. Visitá la isla en primavera u otoño, cuando la tranquilidad mágica de este refugio flotante se siente en cada rincón.
por Miguel Cabrera Periodista especializado en turismo religioso
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