Lieja en Bélgica, un Destino Especial

Maria Cristina Napolitano

Durante ocho siglos, Lieja no fue solo una ciudad belga—fue un principado eclesiástico donde el poder temporal y espiritual se fundían en la figura de un príncipe-obispo electo. Hoy, sus calles empedradas llaman a los aficionados a la historia, a los grupos de turismo religioso y a quienes aman descubrir tesoros olvidados entre fachadas de piedra oscura. El suntuoso Palacio de los Príncipes-Obispos sigue erguido en el corazón de la ciudad, testigo mudo de siglos de intrigas y fervor.

La urbe, ahora con casi 200 mil habitantes, nació entre las aguas del río Mosa y la tumba de San Lambert, mártir asesinado en el siglo VII. El joven rey Clovis IV había otorgado a Lambert de Maastricht, primer obispo del principado, poderes temporales y espirituales sobre el dominio de su iglesia. Ahí reside el origen de aquella autoridad principesca conferida más tarde a sus sucesores—y la razón por la cual esta ciudad fue una vez tan rica que rivalizaba con las grandes capitales europeas.

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¿Dónde está Lieja?

Lieja se haya al este de Bélgica, una región donde se habla mayoritariamente francés. Esta situada muy cerca de las fronteras de los Países Bajos y Alemania. Si estas en la capital Belga te recomendamos una excursión de un día, viaja de Bruselas a Lieja en tren, son aproximadamente 90 minutos de viaje. Para mas datos sobre este destino visita el sitio oficial de turismo de Lieja AQUI.

Lieja, Construida Sobre la Fe

Este trasfondo histórico cobra vida al contemplar la ciudad desde la colina de Minimes. Desde allí se entiende que el primer verdadero príncipe-obispo, Notger, construyó en el siglo X una nueva catedral, siete iglesias colegiadas, 30 iglesias parroquiales, una docena de conventos y los monasterios de St. Jacques y St. Laurent. Seis de las imponentes iglesias siguen en pie, desafiando el paso del tiempo.

Lo curioso es que esta tierra valona también fue cuna de una de las devociones más universales del catolicismo. Entre los muros del convento-leprosería de Mont-Cornillón, a las afueras, Santa Juliana tuvo en el siglo XIII aquella visión de una luna llena manchada que daría origen a la festividad del Corpus Christi. Aunque perseguida y exiliada, su fervor eucarístico transformó el calendario litúrgico mundial—una mística belga que nunca salió de su región pero cuya influencia alcanzó cada rincón católico del planeta.

¿Qué ver en Lieja?

La religión construyó esta ciudad, y los grupos de turismo religioso encontrarán mucho para ver, especialmente en el Distrito de la Catedral . Un paseo rápido por esta área de la ciudad lleva unas dos horas, pero permite mucho más tiempo para investigar todos los museos y sus preciadas ofertas.

Explora la vista 360º de la Catedral de Lieja

El recorrido los llevará a la Catedral Colegiata de San Pablo y su magnífico museo en un claustro recientemente renovado. Allí se pueden ver vitrales del siglo XVI, una imagen barroca de Cristo en mármol blanco y muebles destacados del siglo XIX.

También la iglesia de la Abadía Benedictina de St. James, fundada en 1015. Está construida en estilo gótico extravagante, con un interior descrito como «exuberante«, que incluye un órgano de 1600 tubos y singulares vitrales.

abadía benedictina de St. James
Abadía Benedictina de St. James en Lieja Belgica

¿Qué hacer en Lieja?

Numerosos templos todavía adornan la ciudad de Lieja. Uno de ellos es la hermosa iglesia románica de San Bartolomé, de dos torres. Allí se encuentra uno de los objetos religiosos más notables de Lieja, la pila bautismal del escultor Renier de Huy, que la hizo en el siglo XII. La fuente, que data de entre 1107 y 1118, es una obra maestra de bronce del arte mosano (estilo de arte del valle del Mosa) que pesa media tonelada y está decorada en alto relieve con figuras de cinco escenas bautismales bíblicas. Es considerada una de las siete maravillas artísticas de Bélgica. La iglesia en sí fue construida entre 1010 y 1015.

La imagen muestra la histórica Pila Bautismal de Saint-Barthélemy (San Bartolomé) en Lieja, Bélgica.
La pila descansa sobre doce figuras de bueyes, que simbolizan las doce tribus de Israel y la fuerza de la obra de Dios.

El Archeoforum, en el centro de la ciudad, muestra artefactos de más de 9000 años de historia que conducen mas allá de los orígenes de la ciudad. Se exhiben restos prehistóricos, paredes de una villa romana y restos de edificios religiosos medievales. Hay visitas guiadas cada hora.

Lieja ofrece otras atracciones, desde un museo de transporte público y un jardín botánico, hasta paseos en bote por el río entre abril y octubre. Y cuenta con el mercado navideño más grande de Bélgica.

Al investigar la historia de este municipio religioso-industrial, saldrás con una nueva perspectiva de la tercera ciudad más grande de Bélgica.

Santa Juliana de Lieja: la mística que soñó el Corpus Christi

Santa Juliana nació en 1193 en Fléron. Huérfana a los cinco años, ella y su hermana Agnes fueron confiadas al cuidado de las monjas agustinas en el convento-leprosería de Mont-Cornillon, donde creció rodeada de oraciones y el aroma acre de los ungüentos medicinales. Pero fue el destello del pan consagrado lo que capturó su alma desde temprana edad.

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La visión de una luna manchada

A los dieciséis años, durante la adoración eucarística, comenzó a ver una luna llena brillante atravesada por una franja oscura. La visión se repetía, insistente, inquietante. Durante veinte años guardó silencio, dudando de su propia cordura. Hasta que Cristo mismo le reveló el significado: la luna representaba la vida de la Iglesia en la tierra, y la mancha oscura simbolizaba la ausencia de una fiesta litúrgica dedicada exclusivamente a su Cuerpo y Sangre. El Jueves Santo existía, sí, pero ahogado en el tono sombrío de la Pasión. Faltaba celebrar la Eucaristía con júbilo puro.

Cuando finalmente confió su visión al obispo Roberto de Thourotte, la primera celebración del Corpus Christi tuvo lugar en Lieja en 1246. Pero Juliana pagó caro su fervor: acusada de malversación por un superior corrupto, fue expulsada de su convento y pasó diez años vagando entre abadías cistercienses. Nunca pronunció una palabra de reproche contra sus perseguidores. Murió en Fosses-La-Ville contemplando el Santísimo Sacramento expuesto junto a su lecho, completando el círculo de una vida consumida ante el altar.

De Lieja al Vaticano: cómo nació la fiesta universal

Lo curioso es que Jacques Pantaléon, quien como archidiácono de Lieja conoció a Juliana y apoyó su causa, se convirtió en Papa Urbano IV en 1261. En 1264, mediante la bula Transiturus de hoc mundo, extendió la solemnidad a toda la Iglesia universal. Encargó a Tomás de Aquino componer los textos litúrgicos—de esa colaboración nacieron los himnos Pange Lingua y Tantum Ergo que aún resuenan en las procesiones.

La festividad se fijó para el jueves después del Domingo de Trinidad, sesenta días después de la Pascua de Resurrección. Este intervalo permite que la celebración caiga siempre en jueves—evocando aquel Jueves Santo fundacional—pero fuera del carácter penitencial de la Cuaresma y tras concluir el tiempo pascual.

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