La Escalera de Loreto está en la Capilla de Santa Fe, Nuevo México. Con 33 escalones y un diseño que desafía la lógica, es considerada un milagro de la carpintería y un símbolo del turismo religioso.
El Misterio de la Escalera de Loreto, en la Capilla de Santa Fe, atrae cada año a miles de viajeros espirituales en Estados Unidos. Ubicada en Nuevo México, en el suroeste del país, este santuario guarda un enigma que desafía la lógica: aunque existen explicaciones técnicas plausibles, la identidad del artesano y el método exacto de construcción permanecen envueltos en leyenda. La tradición religiosa la atribuye a San José, mientras que los estudios modernos sugieren que fue obra de un maestro anónimo con gran ingenio.
En el último cuarto del siglo XIX, siete monjas establecieron allí una escuela para niñas. Cuando edificaron la capilla, se toparon con un problema: no había forma de acceder al coro sin ocupar demasiado espacio. Necesitaban una escalera, pero ningún carpintero podía resolverlo.
Entonces ocurrió lo inexplicable. Un artesano desconocido apareció, construyó una escalera de caracol sin clavos ni soporte central, y desapareció sin cobrar. Desde entonces, turistas y peregrinos acuden en masa para contemplar lo que llaman el milagro de Santa Fe.
Al verla, te preguntarás cómo es posible que esta estructura se sostenga desafiando las leyes de la física, y sentirás cómo el misterio te envuelve en un silencio reverente que trasciende toda explicación racional.
Historia de la Capilla Milagrosa y la escalera de Loreto

En 1872, Jean-Baptiste Lamy, francés de nacimiento, fue nombrado primer obispo de la diócesis. Decidió construir una capilla dedicada a Nuestra Señora de la Luz, que quedaría a cargo de la Congregación de Hermanas de Loreto.
El arquitecto francés Antoine Mouly diseñó el templo en estilo neogótico. Sin embargo, murió antes de verlo terminado. Para 1878 la estructura estaba casi completa, pero faltaba resolver un problema crucial: cómo acceder al coro.
El espacio era reducido. Una escalera convencional ocuparía demasiado lugar y resultaría impráctica. Los constructores debatían soluciones sin llegar a ninguna conclusión. Mientras tanto, las Hermanas rezaban. Para ellas, aquello era una prueba de fe.
El Milagro de San Jose en Loreto
Alrededor de 1880, las Hermanas comenzaron una novena a San José, patrono de los carpinteros, pidiendo una solución.
Al noveno día, un hombre llegó a la puerta con una mula y herramientas. Era carpintero. Las Hermanas le mostraron el problema: necesitaban acceso al coro sin sacrificar espacio en la nave. El hombre estudió la capilla y aseguró que podía construir la escalera. Solo puso una condición: trabajar en completa privacidad.
En algún momento alrededor de 1880, toda la orden comenzó a orar a San José, el santo patrono de los carpinteros, para que las ayudara con una solución para las escaleras de la capilla. En el noveno día de oración, un visitante llegó a su puerta con su mula y algunas herramientas. Lo primero que el hombre les reveló a las Hermanas fue que era carpintero de oficio. Fue invitado a entrar y descubrió el dilema dejado atrás con el fallecimiento prematuro del arquitecto original. El trabajador dijo que era posible construir una escalera útil al coro sin quitarle mucho espacio a la nave del templo. La única condición que les impuso a las Hermanas fue que tendría que trabajar en privado.
Las Hermanas aceptaron de inmediato. Según algunos testimonios, el carpintero remojaba madera en tinas de agua. Los relatos sobre el tiempo de construcción son contradictorios: unos aseguran que fue sorprendentemente rápida, otros que tomó varios meses.
El carpintero de la escalera de Loreto, desaparece
Cuando la escalera estuvo terminada, las Hermanas quedaron maravilladas. Organizaron un banquete para agradecerle al artesano, pero no lo encontraron. Había desaparecido sin dejar rastro. Nunca se identificó. Nunca cobró por su trabajo ni por los materiales. Quién era ese hombre es solo uno de los enigmas que rodean la escalera de Loreto.
Por otro lado, en su libro «Loretto: The Sisters and Their Santa Fe Chapel», la historiadora Mary Jean Straw Cook asegura que François-Jean Rochas, un francés recién llegado a mediados del siglo XIX que se había establecido en Nuevo México alrededor de 1846, fue el constructor. Cook se basa en una nota en el libro contable de las hermanas que dice: «Pagado por madera, señor Rochas, 150,00 dólares».
También agrega un recorte periodístico revelador:
Una carta de Las Cruces al señor Quintus Monier, de ayer, indica que Frank Rochas fue encontrado muerto en su rancho cerca de La Luz, hace unos días. Sus amigos creen que fue asesinado, ya que se han hecho intentos anteriores. Era francés y era conocido favorablemente en Santa Fe como un experto en madera. Construyó la elegante escalera en la Capilla de Loretto y en el sanatorio de San Vicente.
Santa Fe New Mexican, 5 de enero de 1895, página 4.
Yo creo en milagros, ¿y tu? Al final, quizás lo verdaderamente milagroso no sea solo la identidad del carpintero, sino que su obra siga inspirando asombro y fe más de un siglo después, invitándote a creer en algo que trasciende documentos y explicaciones racionales.
Misterios de la construcción de la escalera de Loreto

La construcción misma desafía la lógica. No tiene columna central ni vigas de soporte: todo el peso descansa sobre la base. El carpintero no usó clavos ni pegamento, solo clavijas de madera. Tampoco instaló barandas.
Según la leyenda, algunas monjas bajaban a gatas del miedo. La escalera tiene exactamente 33 escalones —la edad de Cristo al morir— y gira 720 grados sobre sí misma. Las Hermanas creyeron que San José mismo había venido en su ayuda.
Cuando buscaron al carpintero entre los proveedores locales, nadie supo dar razón de él. No había facturas ni registros. La madera resultó ser de una especie desconocida, ajena a la región de Santa Fe.
Escalera de Loreto, ¿misterio resuelto?
Un análisis moderno identificó la madera como abeto, pero de una variedad desconocida. La fuente más cercana habría sido Alaska. ¿Cómo explicar que un artesano viajara miles de kilómetros con esa madera cargada en una mula, sin saber siquiera si la necesitaría?
Por otro lado No existe evidencia histórica sólida que confirme el nombre de quien construyó la escalera de la Capilla de Loretto en 1880. Las fuentes académicas y periodísticas nseñalan que el autor permanece en el anonimato, alimentando la leyenda del «carpintero misterioso».
En resumen: no hay resolución definitiva. El enigma de la Escalera de Loreto se mantiene vivo porque fusiona un desafío técnico real con una narrativa espiritual poderosa.
Al contemplarla, sentirás cómo cada peldaño tallado te susurra preguntas sin respuesta, invitándote a creer en algo que trasciende la lógica. ¿Milagro o maestría humana? Quizás esa incertidumbre sea precisamente el verdadero regalo que este lugar te ofrece: la posibilidad de asombrarte ante lo inexplicable.
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